Zona de Traducción

miércoles, 30 de septiembre de 2015

¿DEMOCRACIA VS. DICTADURA?
Y LO AÑORAN POR SOBRE TODAS LAS COSAS
 Por Rafael E Yepes Blanquicett

Me he desilusionado tanto de la Democracia que se vive y se practica en Colombia, que no sé qué será mejor, si una dictadura militar o cívico-militar de derecha o de izquierda (al fin y al cabo da lo mismo, pues los extremos se tocan) o una democracia liberal, representativa, participativa, presidencial o presidencialista, como la de hoy. 
A veces pienso que a la mayoría de la gente le gusta que la guíen al no saber qué hacer con su libertad, o si tuviera miedo de ella, como lo afirma Erich Fromm en su libro «El miedo a la libertad», publicado en Estados Unidos en 1941. 
Es tal la incertidumbre, que muchas personas prefieren que les digan qué pensar y cómo actuar, anulando su capacidad para pensar, decidir y actuar por sí mismas.

Según Fromm, el miedo a la libertad se manifiesta en tres clases de comportamientos: El autoritarismo, el cual tiene un elemento sádico y otro masoquista, que hacen que una persona autoritaria desee controlar a los demás y, a su vez, someterse a una fuerza superior que puede ser otra persona o una idea abstracta; la destructividad, la cual consiste en el deseo de destruir todo lo que no se puede controlar, y el conformismo, comportamiento que se presenta cuando la gente incorpora inconscientemente creencias, normas y procesos de razonamiento de su sociedad, experimentándolas como si fueran propias, lo que no les permite pensar libres ni genuinos. 
Estos tres comportamientos íntimamente ligados y aunados entre sí, hacen de esta clase de personas caldo de cultivo propio para las dictaduras. 
Rafael E Yepes, Escritor
Y es increíble cómo mucha gente dice sentirse segura cuando encuentra a alguien que le indica el camino y le dice qué hacer obedeciéndole como mansas ovejas. 
Es la que he dado en llamar «la Generación de la Seguridad Democrática», producto de los ocho años en el poder del gobierno de «La mano firme y el corazón grande», que muchos colombianos conformistas, autoritarios y con espíritu destructivo añoran por sobre todas las cosas.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Brígida, la del Puente de Chambacú 
UNA LIBÉLULA CON RÍTMICOS MOVIMIENTOS 

 Juan V Gutiérrez Magallanes  
Era una mujer esbelta de piel de ébano suave y reluciente, su cuerpo estaba tallado en la figura de una guitarra mágica, sobre sus corvas  percusionaban  los cascabeles de oro que colgaban del borde de sus pollerines cuando  saltaba sobre los pequeños charcos de agua dejados por la subida de la marea. 
Su abundante y extensa cabellera golpeaba el quiebre de su talle y el promontorio sagrado de sus glúteos, redondos capiteles, en los que se iniciaban las contorneadas piernas de mujer ofrendada a los dioses. 
Tenía una voz cantarina que alegraba las tristeza del soñador de la  esquina, amargado y triste por los desaires de ella, su canto se dejaba acompañar por los silbidos profundos y sonoros del palenquero,  quien en años anteriores había sido llevado a Europa, por Delia Zapata, para silbar una sonata compuesta por el maestro Barros. 
Brígida era dulce en el trato y bondadosa en la sonrisa, que brindaba  con satisfacción agradecida por cómo era recibida su belleza. 
(Brígida, su nombre, había sido escogido en honor a Santa Brígida, la cual había sido casada a los dieciocho años, entre sus hijos tuvo a   Santa Catalina de Suecia. Al enviudar fundó  un monasterio). 
Brígida gozaba del influjo de  la musa Terpsícore, a través de sus acompasados pasos sabía combinar el baile clásico con la dancística de una cumbia, se convertía en una libélula de rítmicos movimientos, se enloquecía al escuchar los cantos de santería de la cubana Celina, parecía en aquellos momentos de su danzar poseída por  los dioses del Panteón Yoruba. Caminaba  respondiendo los adioses y saludos, algunas veces recibía los piropos de jóvenes que no le iban a causar ningún requiebro. La mujer era consciente de su belleza, pero con un pensamiento  de niña cándida jugando con las  margaritas, para preguntarles, «¿me quieren? , «¿no me quieren?». 
Brígida tuvo muchos pretendientes, pero sólo uno logró alcanzar sus amores, era un adolescente de porte gallardo y sueños tejidos con los denarios ganados con mucho esfuerzo por su padre, quien no escatimaba trabajo alguno, para satisfacer los gustos de su  pretencioso hijo. 
La boda se celebró más por la desesperación del mozalbete, quien anunciaba correría la suerte de Romeo, si no alcanzaba a fundir sus amores en el tálamo de su amada. Y todo fue flor de un día, porque, después del paso de la  «Luna de  Dulce Amargo Sabor», se rompieron los lazos del amor jurado. 
        

        Juan V Gutiérrez Magallanes
Brígida se transfiguró, cortó sus cabellos y dejó que sus senos y sus piernas alcanzaran  la flacidez de las frutas maduras, olvidó la danza y convirtió su canto en voces de Aleluyas, que sólo alegran a los espíritus que cobran diezmos y canjías por falsos milagros. 
Perdió el justo razonamiento de las cosas y dejó que sus neuronas  se nublaran para caminar por los senderos de la verdad. Ahora  transitaba  por estrechos vericuetos de una iglesia que la hacía caer en estupideces, y algunas veces olvidarse del instinto de conservación. 
Al  espíritu de Brígida lo ven en la bruma formada sobre las aguas de la Ciénaga del Cabrero-Chambacú, lo identifican por el chasquido de  los  barbudos sobre la superficie del agua, lo  comparan con los golpes de los cascabeles de oro que Brígida colgaba  en su pollerines.
           Cartagena, mayo 3 2015.

viernes, 4 de septiembre de 2015

CONFESIÓN DE CIUDAD

¿Cartagena será lo máximo en la integralidad de su cuerpo?

Por Juan V Gutiérrez Magallanes
Luego de ascender al Cerro de la Popa dejo  caer la vista, comprimo  y arrugo las hojas de mi conciencia al mirar el cuestionamiento que se lee en la prensa y  que está voceando el pregonero: «Cartagena de Indias, ha sido reducida a lo «Fantástico», es Quimérica, Fingida e Imaginada: No existe en la Realidad» 
 ¿Cómo puedo ser «lo máximo de ciudad» si soy un «Desorden» en el conjunto de hechos y elementos de buena Urbe? 
—Quédate inmóvil en la belleza de tu rostro—responde el «Encoñado» de risa permanente.  
¿Cómo me puedes llamar «lo máximo» si estoy en permanente «Ruido» por el pito de los carros y el estruendo de los vendedores de baratijas? 
 —No te inquietes, de rostro arrebol sigue depositando en el regazo el silencio de los  caracoles de la bahía. 
 ¿Cómo es eso de ser «lo máximo» si la «Contaminación» me cubre por todas partes? 
 —Quédate inerte en los laureles. Guarda los detritus plastificados en los cuerpos de agua, a las medusas y algas desnudas de crustáceos reemplazan. 
 ¿Cómo soy  «lo máximo» si llevo un dolor por la «Falta de Educación»? 
 —No te inmutes, continúa con tu risa. Baila y lanza un golpe al aire, juega con la risa, no necesitas herir las letras para que viertan sangre  y tapicen las voces de los ignorantes viviendo la jornada con monedas de sol. 
 ¿Cómo dices que soy «lo máximo» si la mayoría de nuestros jóvenes sufren a causa del «Desempleo»? 
 —No te preocupes mientras ellos bailan una Champeta… 
 ¿Cómo crees que puedo gozar por las flores colocadas sobre mi nombre, si llevo en el cuerpo  «Un Sistema Ineficiente de Salud»? 
 —Tranquila,  para qué interesarte por la salud si fácilmente se alegran con una palmadita sobre los hombros y un goce de champeta. 
Cómo piensas y escribes: «¡Cartagena, eres lo máximo!» , ¿Acaso no has visto lo difícil que es transitar por las calles a determinadas horas, y que los niños no pueden bañarse bajo la lluvia por el «Vandalismo»? 
—Observa las noches del Centro Amurallado y podrás notar la tranquilidad de los turistas, oirás el trote de  los caballos y el trino de los que le cantan a Cartagena ¿Has visto el trote en las calles de las profundidades  de la periferia? 
¿Será que tú  caminas con tranquilidad en medio del «Enjambre de Motos»? 
—Esta Cartagena mía y tuya, e insólita, donde se ha efectuado la construcción del Transporte, cuyo tiempo empleado para su funcionamiento sobrepasa al de «La Muralla China».  
¿Cómo se le puede ocurrir a  alguien  decir «eres lo máximo», sin caer en el sarcasmo cuando  a cada instante ves el Maltrato a los Caballos? 
—No camines con los ojos vendados, te puedes tropezar con la imagen famélica de un equino soportando  las libras de un sonrosado y rechoncho turista.  
Jamás puedo considerarme «lo máximo» si por mis brazos extendidos de ciudad mixta, merodea La Prostitución Infantil»,  por mayor eufemismo con que quieran mirarme no puedo aceptar el epíteto. 
 —No te atormentes, duerme tranquila, las plazas son suficientes para albergar los vuelos de mariposas en crisálidas de vida nocturna. 
¡Oye, Cartagena!: «tú eres lo máximo». ¿Será cierto cuando  las calles de los barrios de extramuros, invisibilisados, están cundidos por el Pandillismo producto de la desocupación y el desplazamiento de nuestros campos? 
—Vuelvo a repetirte: no te inmutes mientras te sigan mirando el bello rostro de española en  el Caribe. 
Nada me hará cambiar, seguiré cantándole a tu belleza enmarcada en la roca, piedra rechinante del baldón que hace estragos en las estructuras de tu cuerpo iguanado. Sí, esa «Constante Corrupción». Nada perturba tu sueño: «eres lo máximo», duerme en tus laureles y déjate acariciar por el rumor de las aguamalas fantasmagóricas. 
Son doce baldones que orlan el marco de la gran ciudad, de ésta y la otra.           
                LA  OTRA CARTAGENA 
Extraño mucho a la Otra Ciudad
Camino tocando y oliendo las piedras,
Me indican si ando en terrenos ajenos,
O en las intenciones del asechante
La otra ciudad traza caminos y pone límites
Límites quebrados por la lluvia y el fragor de los changones
La cita a una cena con Tánato y las plañideras golpeando la tierra
En medio de su llanto preguntan el por qué de la tragedia..
Ahora le tengo miedo a las calles de mi barrio, no me atrevo a mirar a través de las rendijas. 
Mis vecinos reprimen las palabras y  acortan los pasos para no pisar las rayas que marcan el límite de las miradas. Juan en su niñez jugó con las mismas bolitas de cristal de su amigo Antonio. 
Hoy, separados por líneas imaginarias, no pueden intercambiar las  canicas, juegan al trueno y recogen flores sembradas en el estiércol, para cubrir la tumba del que caiga en los juegos cruzados en el callejón de la Muerte.
Ahora Cartagena de Indias está nublada por las brumas de la inseguridad, los caminantes se miran a los rostros con el temor de ser fulminados por la luz de los ojos del que señala con el índice. 
La otra ciudad, está  abandonada, es móvil en la vorágine del buscavidas...
La otra ciudad de mecanos veloces, adueñados del grito y matadores del silencio transitan el imaginario acortando el tiempo de vida y apropiándose de la eternidad, las madres han salido para dibujar cruces en solicitud de esperanza -de vida- secaron sus ojos en los últimos encuentros de  tronantes adioses por quienes no debieron morir. 
La ciudad de casas coloniales y sectores privilegiados anda con pasos seguros y duerme protegida por cien ojos, muestra la risa comprada en los almacenes de marca pero refleja el pesar por la inseguridad. 
       
Juan V Gutiérrez Magallanes, Escritor.        
Han muerto, lanzaron gritos de auxilio los niños escondidos en el nido de los abandonados, y continúa la procesión de púberes grávidas que permutan su virginidad por los denarios de Familias en Acción y dan a luz criaturas con el llanto de la desesperanza. 
Allá en el mundo de la Otra Cartagena, Tánato juega a la libertad con la participación de la invidencia de los que se adueñan de la matriz de la Urbe.
Bibliografía  
Se hace válido citar un fragmento del artículo de Alberto Abello Vives, «Entre Clichés» (El Universal, 29,  VIII, 2015). «Cartagena,  «la fantástica» sobresale por la irrealidad que sugiere, como la ciudad de un cuento de hadas. Esa Cartagena no es del todo creíble. Es la  mirada del compositor que la ve de lejos o del turista andino  que se descresta  durante los dos o tres días que la visita. Y tal vez es la mirada del cartagenero desde lo alto de una torre blanca de vidrios azules. Pero no es la percepción de quienes están en condiciones de pobreza, desempleo, informalidad  e inseguridad ni de quien es sometido al pésimo  sistema de transporte ni para quienes viven sin conocer  siguiera el centro histórico”. 
Cartagena de Indias, es una realidad, de mucho heroísmo, sobre  ella  caen baldones que quieren sucumbirla. Debemos insistir en crear el sentido de pertenencia, estar  atentos  para cumplirle a la ciudad, para  sacarla del sueño de la fantasía a la realidad de ciudad integral.     















DE LAS PALETAS  DE AURITA O CUBOS DE AMBROSÍA
¡Qué vaina, lo Único que Queda es la Nostalgia! 

Juan V Gutiérrez Magallanes
Luego de una larga jornada académica en el Liceo de Bolívar de la calle del Cuartel, los que vivíamos cerca a la calle Real del Espinal, buscábamos con angustia de sediento el néctar que brindaba aquella casa de dos pisos, de amarillo, con columnas de madera pintadas de verde, pigmento que armonizaba con el matiz del techo de truncada pirámide, donde el sol menguaba para  facilitar el fresco que recibíamos de los alares de aquella mansión, habitada por Aurita y su compañero Israel González (estos personajes, ahora cuando el tiempo me ha hecho observador, los comparo con la inolvidable Frida Kahlo y Diego Rivera). 
Guardábamos las monedas de a centavo, eludíamos muchas veces las chichas y las empanadas de «El Pimie», con el sólo propósito de alcanzar a comprar las paletas de Doña Aurita, que eran de diferentes sabores predominando las de «leche con pasas». 
A través de los almibarados cubos, deleitábamos la ambrosía de los israelitas en el desierto, ¡no nos cambiábamos por ninguno: éramos estudiantes del Gran Liceo de Bolívar,  y  empapábamos nuestras papilas con las Paletas de la calle Real del Espinal! 
Hoy, cuando en Cartagena se actúa bajo los parámetros de una Gentrificación Galopante, como observamos en San Diego y Getsemaní, a Torices lo están  dejando en el olvido, (en lo referente a la salubridad), porque los  nativos se verán precisados a salir de allí, y luego las águilas de cuello almidonado le caerán al noble barrio. 
Un análisis de la Gentrificación en Cartagena, además de plantearla Ladys Posso en su libro «La Casa Tomada», es un tema también abordado por Martín Caparrós*, periodista y escritor argentino  «… no conozco ningún ejemplo, en el mundo hispano, más claro de Gentrificación que Cartagena: cuando una ciudad—o una parte importante de una ciudad—deja de ser un espacio para que vivan personas y empieza a serlo para que las personas vayan a pasar unos días, a pasear, a consumir, digamos. Y en Cartagena, como suele pasar en estos casos, nadie lo discutió, nadie lo decidió, y dejan esas decisiones a fuerzas más directas; los dueños de las cosas, los empresarios, los famosos mercados». 
A El Palacio de las Paletas, le han decretado su muerte al colocarle grandes vallas para irlas derribando poco a poco para que la nostalgia no sea mayor, como ocurrió con la casa de Amaté, dónde se sublimaban los orgasmos en la esquina lateral, y que daba paso a la Placita de los Perros, donde se podía fijar la vista en la entrada al Castillo San Felipe. 
La calle Real del Espinal, está dejando de ser parte del barrio, ese que anidó los sueños de compañeros como Guerrero, Víctor Lozano (f), y Alberto Valencia (f). Porque los barrios dejan de serlo, cuando se silencian los pasos de quienes  contaron sus anécdotas o amarraron sus adioses a  una niña imaginada. 
               
Juan V Gutiérrez Magallanes
Diagonal a la casa de la niña Aurita, la de las paletas de ambrosía, está la familia Moreno, aprisionando los recuerdos y regalando la imagen de la calle, cuando entraba el tren en los talleres, pasaba por el Puente, dejando su zumbido de otros tiempos, para que hiciera parte de las canciones del  maestro Pianeta Pitalúa y los deletreos de Héctor Galván.  
*Martín Caparrós. La  belleza, sus riesgos. Revista Semana, Cartagena LA FANTÁSTICA.



domingo, 23 de agosto de 2015

De la mano de Rebecca Lolosoli, en Kenia
UMOJA: ¿UN EXPERIMENTO SOCIAL?

                 Por Rafael E Yepes Blanquicett*


Umoja, que significa «la unidad» en lengua swahili, es un pequeño poblado situado cerca de la Reserva Natural de Samburu, al norte de Kenia, África, y habitado apenas por 248 personas, de las cuales 200 son mujeres y los otros 48 son niños, hijos de las mujeres desplazadas que se los han llevado consigo. 
No se trata, de ninguna manera, de una colonia al estilo de las antiguas amazonas griegas o de la isla de Lesbos, sino del producto de la violencia de género a la que han estado sometidas durante siglos las mujeres de la «Madre África» o «Mamma África». 
Y fue a Rebecca Lolosoli, una mujer de armas tomar, líder de las mujeres de su región, a quien se le ocurrió crear, en 1990, una comunidad solo para mujeres sobrevivientes de los abusos y las violaciones de los soldados británicos invasores, cuando se recuperaba en un hospital de una tremenda paliza propinada por un grupo de hombres, la mayoría musulmanes radicales, por haberse atrevido a hablar en favor de los derechos de las mujeres de su pueblo. 
Rafael E Yepes Blanquicett
Su propósito era y sigue siendo, proteger a las mujeres que huyen de los constantes maltratos, los matrimonios concertados, la violencia doméstica, la mutilación genital y los abusos sexuales cometidos por los hombres de su región. 
Ha sido tal su éxito que, a pesar de las innumerables amenazas de muerte recibidas por parte de sus contradictores, ni ella ni sus seguidoras han dado su brazo a torcer y ya comienzan a ser respetadas dentro y fuera de Kenia. 
¿Cuánto durará este «experimento social» que ya tiene 25 años? ¿Cuando sean aceptadas y respetadas por los hombres de su comunidad? ¿O cuando la comunidad internacional presione para ello, obligando al Estado keniano a cumplir con su deber de protegerlas?  
COLOFON: ¿Será que Barack Obama, el presidente del país más poderoso del mundo, cuyo padre es nativo de Kenia, estaría enterado de esta situación cuando lo pusieron a bailar el tradicional ritmo de lipala?
         *Profesor, escritor y poeta.

lunes, 17 de agosto de 2015

La Generación Fallida,
y El Otro
Mediterráneo...
        Rolando Blanco Hernández
EVASIÓN*         

Gregorio perdió el tren de las 5 a.m. y sigue sin abrir la puerta del cuarto.  Su madre lo llama una y otra vez. El padre amenaza con tumbarla, le grita que el jefe acaba de llegar enojado, sabe que no fue a la estación.  Greta ruega a su hermano que abra. 
–Esta semana lo noté perturbado, siempre leyendo ese libro… –comenta entre sollozos–. 
El jefe recrimina su pereza, le recuerda que aún le faltan muchos años de trabajo para saldar la deuda de su padre. La madre se muerde los labios al oír ese humillante recordatorio. Entre los dos hombres y la corpulenta doméstica empujan la puerta logrando que se explayen sus dos hojas: la alcoba solitaria, la cama desarreglada, un muestrario de telas sin organizar, el libro tirado sobre el piso de madera. Debajo del sofá, numerosas patas se agitan, delgadas, temblorosas…   

DIE VERWANDLUNG / 1       

El tren pronto llegaría a la estación de Praga. El joven abogado no pudo  escribir el relato del que sólo se le había ocurrido el título. Su vecino lo había mortificado durante todo el viaje, con la cobija que deslizaba sobre su abdomen convexo y caía sobre él; su voz parecida a un chillido; el movimiento incesante de sus antenas y patas. 
—Lo escribiré cuando llegue a casa—resignado, pensó Franz.
EN EL NOMBRE DE LA MADRE  
El capitán William Parsons había armado a Little Boy. Después de seis horas de vuelo, el bombardero Enola Gay sobrevolaba Hiroshima. Cuando descendieron a 9855 metros el coronel Paul Tibbets dio la orden y Parsons soltó la bomba. 
–Dios mío, ¿qué hemos hecho? –Gritó el capitán Robert Lewis, al ver la columna de humo rojiza que se elevaba rápidamente y destruía a la ciudad y sus habitantes––Su madre lo maldecirá por  bautizar  con su nombre a este avión: susurró Parsons al oído de Tibbets.

Gonzalo Alvarino
                                                                                                                                                                                                                  



EL OTRO MEDITERRÁNEO                                                         
Lentas las gotas rasgan la tarde
El cielo es una gran serpiente
sobre mis testarudos ojos
Se apagan los colores
y los ahogados aparecen
en la Kosta Azul
Una manada de tortugas
se sumerge en el oscuro mar
La última gaviota mira con desdén
la carne insípida que se pudre entre las rocas
No hay lágrimas para el inmigrante
Naufragio y vida
comparten la misma orilla.

                                                                 
                                                                                                                                   
HILO DE AZÚCAR                                                            

Blanco hilo de azúcar
humedad en las espinas del cactus
colmillo de sal
Ahora y en la hora de mi muerte 
te desvaneces
En algún lugar de mis labios apareces 
como una liebre en busca de los pies de Aquiles
y nos inventamos una guerra
sin Troya y sin caballos.
 

                                                                                                                                                                                                                           


EL CÍRCULO SE CIERRA

Mi voz es un lamento de madera en este mes de cerezas muertas. No importa qué edad tengas, el dolor siempre te alcanza. A mis manos les quedan algunos suspiros para la noche. Mientras, busco en  el lugar más lejano de piel los fragmentos de tu olor. El círculo se cierra con las últimas gotas de luz. 

UN MUNDO FELIZ 
Padre aprendió a envejecer de manera silenciosa, toma el control de la situación y cambia de canal. Madre, sabia mujer enferma, maneja con destreza los torcidos hilos de la casa. En su mundo feliz de pastillas y dolor, ella es la reina.



Julio César Márquez Ariza

POR LAS RENDIJAS
                                                                                             
Vuelve la lluvia
el techo suena,
la tierra empieza a ceder.
La casa trémula
intenta quebrarse,
pero la mujer le ata las grietas
con un hilo de oraciones.
Mujer- techo,
lluvia- serpiente,
ríos que nos tocan los pies.
La imagen del mundo
se vuelve turbia
en el fondo de este charco.

SUBMARINO        
Hay grietas en las paredes,
fugas de agua que van marcando la ruta  
el ventilador nos cuenta la noche,
y un sonido,
ese que nos mantiene insomnes,
nos lleva a pensar en ti.
Otra vez el agua,
como enemigo nuestro,
rompe las paredes con sus versos
lava las manchas de nuestras huellas sobre el suelo.
Uno…Dos…Tres…
¿A dónde te has ido?
Un ratón recorre mis pies,
y unas hojas empiezan a caer en la sala.
Uno…Dos…Tres…
Hay agua en los bolsillos,
imágenes de cuerpos con aletas,
hojas húmedas,
y esta casa-anfibio.
Nos queda entonces,
el escondite de medianoche,
una estrella acuática que ilumina la sala,
mientras vamos haciendo huecos en los costados,
rutas de escape,
nuevas fugas, grietas.
Gabriel Cuadro

ESTADOS
                                                                  









Al principio la vida es brillante y limpia  
un sol despertando al mundo  
en una ventana la sonrisa de un niño  
un poema visitando la memoria 
El tiempo sigue  
un amante traiciona al amor  
la noticia del odio  
la cuenta del mercado  
Y todo se ensucia y duele.


ALZHEIMER

                                                 
  













Cuida tus recuerdos 
Defiéndelos del olvido 
de los años numerosos 
Cuídalos 
ellos guardan tus lugares 
la esquina que te guía 
Guardan  las noches con tu Luisa 
tus pasadas derrotas 
y alguna victoria 
Cuídalos 
No te expongas a la nada 
a deambular difunto por la vida.

Juan de Dios Sánchez 

LET THEM BLUES


                               
  








Deja que el Blues se entere de cosas que no necesita saber
        Let the blues be afraid
        either way we´ll have our ceremony 
Esto, más que amor –mi amor– será como ir de compras 
Deja que en la piel del Blues comience la historia
        Let the Blues
        be our victim for us to be brilliant
Exento de amor -mi amor- seré yo quien decida tu orgullo
Deja que el Blues aterrice o se ponga a llorar en cambio
        Let the blues do the dance
        while the rest of us do the bark 
Yo te decepcionaré -amor- con todo mi amor: grosero
                                                       pretencioso
                                                                            imposible
Deja que el Blues nos dé algo mejor que su corazón para satisfacernos.
        Let the Blues be senseless
        and vacant of sentiment
Estos días -mi amor- serán lo único que haremos 
Surfear las olas del apetito
Cultivar un universo a puerta cerrada
Aprovechar la juventud del espíritu
Asumir la jefatura de rompernos en cada canción
Deja que el Blues nos saque acordes con las uñas
Deja que siembre la grama adecuada para descansar la cabeza 
        in the meantime of this outrageous break of dawn
Y que la cámara nos deje ir
Y que la radio nos pida más
           Blues
El mejor asombro jamás cantado
Y herirnos
Y rascarnos
/
         Edisson Duarte
                    El gato ha muerto                
Madre lo cubre con dos hojas de papel periódico
Un viento alegre deja adivinar su cola
La hermana menor lo mira
         desde la casa del palomar…
Lo llama
         Lo llama hasta el cansancio
                Solo las hojas del periódico se mueven.

………………………………..

                                                      
















La gota indecisa por la comisura del párpado:

                           Un malabarismo que no da frutos.                             

La sal dejándose llover…

            Detrás de la ventana

                                         …la sal dejándose llover.

RAYUELA


                                  










La mano arroja la piedra,

                     como quien lanza un salvavidas

La caída perfecta,

                 el salto y las risas no se hacen esperar.


La mano falla,

           La piedra no cumple su destino

                            El cielo, otra vez diluyéndose… 


Onésimo Andrade  

EL BARCO 










Allí donde nunca se marca el Norte
el guerrero descansa sin su dios
la mar ríe y le roba vida
su rojizo semblante está marchito
la agonía del olvido atrapa su interior.
Un peregrino le recuerda
el olor a pólvora con fuertes vientos
ya no habrá noches con pesares
solo recuerdos sin esplendor.
  
Ruth Patricia Diago















AYER FUE EL TEMPORAL QUE NO PUDO CON TU RUIDO


                                  












Tu costumbre no es la lluvia 
que apacigua los días y rezaga los pregones 
ni la arena muda y compacta en la playa despejada. 
No, son tus calles ríos lineales propiciando el caos, 
o esa inquietud tardía porque se disuelva el cerro 
y su prioritaria vocación de pesebre 
se deshaga en el barro. 
No, tu rutina de puerto caribe 
construye un segmento de historia 
desfachatada y luminosa, 
aquí donde la soledad se sienta 
en mecedora a media tarde. 
La voz de tus barrios ocupa las plazas 
y el trasegar continuo de tu gente 
ha entrenado a las maríamulatas 
en el curioso arte de cazar 
restos de arepa con huevo. 


ERRE  CE  GE  JOTA

                        












En cada poro le dolía el mundo, su tierra natal,
los muertos de su sangre y los algodonales.
Más que la hipodérmica con la que le pinchaban el cuerpo desgastado
le torturaba esa serie de malogrados intentos por combatir la propia locura.
Los versos de lava que produjo desde la hamaca, el camastro,
los concebidos sujeto a su abandono
bajo la brava intemperie de sus últimos días,
y que trocaba por un café o un cigarro.
Dolor, el de sus pasos mendigos
la abarcante soledad desde sus ojos.
Fumándose la calle a paso lento y perdido
llenaba la mañana de reproches para los pájaros
chancleteando la ciudad,
entaconándose por las callejas
o machacando las rutas de siempre
con las plantas abrasadas de pavimento hirviente.
Yo también evité su genio vagabundo,
el rumor creciente de su delirio
evadía su mirada plagada de demonios,
sin adivinar el tamaño del agobio que acarreaba.
Sus versos descubiertos tardíamente, aquí en la sala,
rescatan el mediodía, permeando la inercia de mis horas
con blandos tentáculos de medusa.

                   Nilva Galván
EL DIENTE DE HAROLD
                                                                  







–¿Qué buscas Harold? 
–Mi diente, responde, todavía con su cuerpecito doblado debajo de mi cama. 
Un poco angustiada, por la respuesta del niño, decidí revelarle la verdad que él debió conocer desde la noche anterior. Se la dije y le presenté mis disculpas, las cuales aceptó con una mirada un poco triste y un “…bueeenooo…” 

Harold es un niño de 7 años  con un lunarcito negro en la frente que cautivó mi atención desde el día que llegó de Sahagún a la casa de la tía donde yo también me encontraba hospedada. 

Ese día, durante mi ausencia, mudó su sexto diente. Las personas que lo rodeaban lo persuadieron de que si un ratoncito encontraba el diente, por la noche, se lo llevaría y, a cambio, encontraría debajo de la almohada $2.000. Ilusionado con semejante negocio y con la ayuda de su mamá, la tía y su hermanita Chary, envolvió el dientecito en papel blanco y lo colocó en la ventana de mi habitación mientras llegaba la noche. 

Yo, al regresar cansada de trabajar, confundí el montoncito de papel con basura y lo arrojé a la caneca. Esa misma noche, al llegar el momento de colocar el dientecito debajo de la almohada de Harold, la tía, después de buscarlo, me preguntó si había visto un montoncito de papel blanco. Un poco avergonzada, le respondí que en la mañana, antes de irme, lo había arrojado como basura en la caneca…inmediatamente todos emprendieron la búsqueda en vano. 

–¿Y ahora qué hacemos?  ¿Qué le decimos? 
El Señor Henry, más tranquilo que la brigada de búsqueda, en forma calmada aconsejó: “es muy fácil, envuelvan esa semillita de naranja y colóquenla debajo de la almohada de Harold”. Así se hizo. Con muy  mala suerte, porque el niño  revisó y dijo que eso no era su diente. 

Ante el fracaso, su Hermanita Chary de 9 años, reinició la búsqueda con la tía en la caneca. Al verla, Harold le preguntó: ¿qué buscas? 

–Una aguja, respondió. 

Irónicamente y con su carita desconcertada le dijo: 
–¿No será que buscas mi DIENTE? 


Mimi Barboza
¡BAILEN AL RITMO DE JOSÉ!    

Recuerdo esos tiempos de amigos cómplices, cuando íbamos a cantar, cantar y cantar en las parrandas con las hembras del pueblo vecino. Queríamos que ellas conocieran la embarcación que construimos de un enorme tronco.  Navegábamos, cada uno con su remo, sin asustarnos. Nos gustaba oír el sonido del golpe de los remos en la corriente, que nos mojara la lluvia. Alegres bailábamos, mis oídos sentían más fuerte la música: ¡Bailen al ritmo de José Barros!, que suene la cumbia, prendan las velas, que la esperma caiga en el suelo… Cuerpos moviéndose con el balanceo de la embarcación. Bebíamos, gritábamos: “Vamos, muevan los hombros y fundillos”, apretujaditas las hembras a nuestros pechos. El olor de Julita, Ana y Petra nos hacía gemir… Gozábamos los compadres, las mujeres; las horas pasaban sin importarnos el amanecer. 

Ya estamos viejos. Pedro Albundia y Guillermo Cubillos murieron. Ahora veo a nuestros nietos que van en canoa al pueblo vecino, en medio de una fuerte corriente, cantando, bebiendo… Y siento miedo de que el rio se lleve sus recuerdos. 

Mabel Escorcia 

¿DÓNDE ESTABA ALÁ? 

A Faiza, la vendió su padre cuando tenía 7 años. Era bella, al crecer muchos hombres la asediaban. Aarón la perseguía como una sombra, a ella no le gustaba, era viejo. Él se enteró del compromiso. Era tan fuerte la atracción que sentía por ella, que no concebía que otro pudiera tenerla. La esperó a la salida de su casa y le roció, de pies a cabeza, ácido del diablo. 

Faiza sobrevivió; pero su rostro y su cuerpo quedaron desfigurados. Ahora llevaba una triple carga: no tenía un lugar propio, era mujer y su apariencia física era monstruosa. 

La desterraron a un rincón de la casa para incomunicarla con  el medio exterior. Un día de diciembre después de cumplir los 16 años, Ranjit llegó de Bangalore, capital de Karnataka, en busca de la mujer que había comprado 9 años atrás.  Cuando el padre se presentó con Faiza y se la entregó. Ranjit levanta la burka, su sonrisa se cuaja. ¿Quién hizo esto?, preguntó estremeciéndola. Ella contestaba que  no sabía, temblaba, no sabía qué hacer. Ranjit pidió devolución de la dote, la familia consideró esto una maldición de Alá. 

Faiza empezó a trabajar en Guajarat barriendo las calles, limpiando las cloacas. Cuando la población dormía, ella salía a caminar. Cada semana las noticias informaban que el cadáver de otro hombre había sido hallado. Aarón fue encontrado vivo, quemado de pies a cabeza… 


Rosemary Maciá
                                











HUMO 












Tengo cinco años y me gusta el humo. Significa que mi papá está cerca,
que su tranquilizadora presencia fuma cigarrillos Kent.
Más adelante, la asociación se torna menos agradable:
alguien quema basura y toca recoger la ropa de prisa
o deberemos volver a lavarla.
Pero fue mucho más tarde, cuando al fin entendí
por qué las casas de los pobres olían distinto,
ese olor persistente que tanto me inquietaba.
Era el humo.
Impregnando la ropa, la piel, los escasos muebles.


MEA  CULPA
                          
         




         
 
     Cuando levanto el pie
          y sigo como si nada
          ignorando al niño
          que duerme en el andén
          Yo también soy culpable.


CLAUDETTE

Aferrada a tu silla, Claudette Colvin, con la fuerza de un pasado que pesa sobre tus hombros, te niegas a ceder tu puesto. Pobre niña negra; Rosa Parks, nueve meses después, resultará más “conveniente” para la causa. 

EL POLVO Y LA REALIDAD SE CUELAN POR DEBAJO DE LA PUERTA 

La brisa de principios de año forma remolinos de hojas secas y pétalos de trinitarias. Hay  polvo en cada espacio. El periódico dice que volaron los techos de las casas en algún barrio marginal. –Los fenómenos naturales parecen ensañarse más con la pobreza–. Enciendo el televisor, un programa gringo muestra mujeres embarazadas en la cárcel y, qué casualidad, todas son negras. La brisa arrecia. Siento frío. La sábana con la que oculto mi rostro, empieza a resultarme insuficiente.